Familiares alegan negligencia médica en deceso de infante
La muerte en un día
* Madre desconsolada narra su tragedia sin poder despedir a su primogénito
Por: Lesli Nicaragua
Los doctores aducen que la muerte del recién nacido fue natural, aunque inminente por la gravedad de su estado de salud producto de complicaciones en el parto. Los padres del infante, Nanci Peralta, de 22 años, y Abdiel Zamora, de 36, afirman que fue negligencia médica por la serie de irregularidades en el proceso de parto, posparto y cuido del infante. Lo cierto es que las primeras horas de vida del primogénito de esta pareja, también fueron sus últimas.
Encerrada en el cuarto de su casa, en el barrio Osvaldo Manzanares, sin salir por precaución médica, por su estado posoperatorio, y sin poder estar presente en el velatorio de su primer hijo, Peralta relata las supuestas irregularidades a las que fue sometida por médicos del Hospital Alemán-Nicaragüense, desde su ingreso, la madrugada del diez de agosto, hasta el fallecimiento de su bebé, el día siguiente, a las cuatro de la tarde.
La tragedia comenzó casi desde el instante de la concepción, debido a que a Nanci Peralta los doctores le diagnosticaron preclamsia,(tendencia a la hipertensión en el tercer trimestre del embarazo), por lo que su embarazo era de alto riesgo, y su cuido debía ser el más extremo, sin ningún tipo esfuerzos que comprometieran su estado.
Retardo de ingreso a quirófano sin explicar
Pero Peralta llevó a buen término los nueve meses de su gravidez. La noche del nueve de agosto rompió fuente sin ningún dolor, pero con sangrado, por lo que fue trasladada de emergencia por su madre, Rosa Aguilar, al Hospital Alemán-Nicaragüense. “Era medianoche y todos dormían, mi esposo y mi yerno me ayudaron a cargarla hacia la camioneta. Fue un momento de desesperación”, afirma Aguilar, conmocionada aún por el fallecimiento repentino de su nieto.
Cuando Peralta llega al hospital, los doctores la iban a ingresar de urgencia por la gravedad del caso, pero los facultativos demoraron su traslado a quirófano sin ninguna explicación hasta las 6:30 de la mañana, hora en que la intervinieron para practicarle una cesárea, puesto que se le hizo imposible un parto natural. Tampoco le expusieron la razón del porqué del procedimiento.
Los galenos le informaron que su hijo era un varón de seis y media libra, blanco y saludable. Peralta se entusiasmó de alegría y pensó en varios nombres para escoger uno adecuado para el niño. Ese mismo día, a las 4:00 de la tarde, Peralta recibió el alta del hospital. “En cinco días va a estar con ustedes el niño, no se preocupen”, recuerda Peralta que le indicaron los médicos.
No contento con la aseveración de los doctores, al siguiente día, por la mañana, su esposo, Abdiel Zamora, se dirigió al centro hospitalario a indagar sobre la salud del infante, y de inmediato le dieron una mala noticia. “El bebé estaba grave. Está luchando por vivir”, le manifestó médico que lo atendió. Zamora se asustó, pidió explicaciones, y el mismo doctor, con la asepsia característica de la medicina y con aire de tranquilidad, añadió que le habían abierto dos orificios en el abdomen, “porque en la madrugada se había quedado sin oxígeno y necesitamos un ventilador para mantenerlo con vida”.
Contradicciones en versiones médicas
Zamora casi se desmayó. No encontraba la lógica entre los dos discursos que se manejaban sobre el estado de su hijo. El día anterior le confirmaron su buena salud. El día siguiente su gravedad sin razones. De lo único que sí estaba claro es que ahora su primogénito necesitaba de un ventilador para poder respirar y el centro no lo poseía. Tuvieron que pedirlo prestado al Hospital Solidaridad, de Managua, pero, indica Peralta, el mismo tardó cinco horas en llegar. Otra irregularidad que señala, pues el mencionado policlínico está a escasos tres kilómetros de distancia.
La situación se ponía cada vez más tensa y confusa. Nanci Peralta, en el cuarto de su casa, se arrancaba gajos de cabello y lloraba consternada ante su impotencia, pues son tenía noticias claras de la situación de su bebé. A las dos de la tarde, por un instinto de madre, según describe ella, y con grandes esfuerzos, pues la herida de la cesárea le impedía caminar bien, regresó al hospital.
Cuando llegó, angustiada y quejumbrosa, preguntó por la salud de su hijo. Le revelaron que el niño no podía respirar solo, así que lo estaban ayudando a respirar con el ventilador. Pero la noticia que casi la fulmina, fue que el bebé únicamente tenía el cincuenta por ciento de sobrevivir. En este momento del relato Peralta hace una pausa silenciosa que corta todo pensamiento. Las lágrimas le anegan las mejillas.
Única justificación: no buscar culpables
“No busquemos culpables, solamente pídanle a Dios que el niño reaccione positivamente”, continúa Peralta su narración, mientras evoca la respuesta que le brindó el médico que la atendió cuando ella exigió que le explicaran las causas del grave estado de salud del niño. Después, mientras daba la espalda, el galeno le espetó: “No vuelva a pedir información”.
Abdiel Zamora se abrazó con su esposa y trató de reconfortarse, pero no obedeció las indicciones de aquel doctor, y a las seis de tarde regresó al hospital por más información. La noticia que lo aguardaba lo destrozó: su hijo había fallecido esa tarde, veinte minutos después de que él y su esposa abandonaran el hospital por órdenes del médico que atendía el caso.
Le entregaron una epicrisis y el acta de defunción, donde se lee que el bebé falleció a las 3:50 de la tarde por paro cardio-respiratorio producto de neumonía. Explicación: ingestión de líquido amniótico al momento del parto. Eso fue todo. En el hospital no quisieron brindar información del caso ni del médico tratante del mismo.
Un tierno funeral
Zamora no daba crédito al papel ni a lo que le dijeron los médicos, y le esperaba lo peor, decirle a su esposa la terrible de las noticias. Se fue a su casa y buscó a Nanci. No dijo nada. Los dos lloraron, y ella supo entonces lo que pasó. Aun con el dolor que los rebalsaba, comenzaron a preparar las exequias de su hijo, el primero. “Todo lo preparamos hoy, pero yo no puedo estar con él. Es malo porque yo ando operada. Pero quiero estar con él”.
Vestido de camisa y gorro amarillo de lana, el bebé, un ángel en caja, descansaba tierno, mientras alrededor los familiares y los amigos de la pareja lloraban su deceso. Su padre solo dio las buenas noches, su ánimo extenuado no le dio para más. Su madre, sin poder dejar su cuarto, solo pudo verlo a través de una foto tomada por celular, y ni siquiera pudo llamarlo por su nombre, porque la muerte no le dio tiempo para ponérselo.

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